Blog de Jesuscarrera

Palabras de Cristal

Nuestra mente es como un gran monitor a través del cual se proyectan los pensamientos, algunos van y otros vienen, siempre en constante movimiento, sin elegir los que aparecen pero sí los que logramos fijar y convertirlos con el tiempo en creencias. La forma directa en que se proyectan los pensamientos es a través de lo que verbalizamos, es decir, lo que creamos con nuestras palabras es la prueba que nos indica cómo están nuestros pensamientos y la calidad de la energía que estamos manejando.

Si manejamos pensamientos negativos, tendremos unas palabras con carga emocional, llenas de energía discordante, y en vez de acariciar a los demás con nuestras verbalizaciones, lo que hacemos es lastimar al otro sin percatarnos que el primer daño lo estamos realizando hacia nosotros mismos. Al emitir juicios negativos, críticas, insultos y todos sus derivados, nos alejamos de manera rotunda de nuestra conexión con la esencia, de nuestro centro, de ese yo que nos conduce al amor universal. Sin darnos cuenta vamos creando una especie de nube adversa a nosotros mismos, que cuando se descarga es como una tormenta que nos arrastra y no sabemos por qué.

Pero hay una manera de romper con este esquema y es ponerle amor a nuestras palabras, en la medida en que irradiemos energía positiva a través de estas, lograremos cambiar nuestra frecuencia sin importar cómo las reciban los demás, en estos casos aplica el refrán que dice “a nadie le amarga un dulce”. Se trata de salir de ese esquema de palabras “fuertes” y cambiar nuestro dial a una manera de expresarnos más amable y cordial, lo que inmediatamente tiende un puente de cercanía con el otro, porque las vibraciones más que reflexionarlas se sienten en este mundo de energías.

Para aprender lo nuevo, hay que desapegarse de todo lo antiguo, es decir, desaprender todo un sistema de creencias que nos ha acompañado por años y solo de esa manera damos paso a una manera de expresarnos más armónica y que en vez de alejar, nos conecte con esa parte divina que habita en cada ser. Las ideas semánticamente seguirán siendo las mismas, sin embargo, lo que cambiaremos será el cómo, la forma de expresarlas; a veces tenemos que decir un rotundo no, pero la diferencia radica en que es un no amoroso y edificante que apoya al otro.

Esta forma de llevar la vida, sembrando amor universal a nuestro paso, nos sostiene en un avance constante, que invita a pensar no de manera individual, sino colectiva. Cuando le damos el poder que realmente tienen las palabras y al ser conscientes de la fuerza creativa que estas guardan, empezaremos a usarlas de manera más asertiva, entendiendo que es uno de los principales poderes que tiene todo ser humano. Todo lo que queremos alcanzar en esta vida requiere de nuestro trabajo, por lo tanto, cuando nos expresamos si hay una intención clara de crear un mundo más amoroso, imprimiremos una carga energética consciente a cada palabra que lanzamos al exterior, como un constructor que trabaja bajo nuestra supervisión. 


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: